Perdón a mí misma.

Y sí, la confianza me suele jugar malas pasadas.
A veces las cosas parecen algo que no son, la gente parece ser lo que no es, las situaciones crean fantasías que no se corresponden con la realidad.
Perdón. Otra vez perdón a mí misma. Perdón por volver a dejar mi corazón sin protección, a dejarlo a la intemperie sin un gorro y sin bastón.
Gorro para protegerlo del sol y de la lluvia, y bastón para sostenerse cuando algo lo empuje hacia el abismo.
Perdón. Perdón por ser tan ciega, por entregar mi corazón sin garantía. Perdón por ser tan estúpida y soportar tanto dolor.
Perdón, perdón por aparentar que las cosas van bien cuando mi interior está deshecho sin solución.
Perdón a mí misma por no saber frenar, por no saber decir las cosas tal cual son. Por evitar ser tan brusca suavizar mis decisiones, perdón por postergar mi vida como si fuese que mañana arranco de cero y todo va a ir mejor.
Perdón, por ser tan necia, por forjar una relación llena de espinas y con poca satisfacción.
Perdón, por ser ingenua después de tanta traición.


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