Feelings
Parece que el tiempo va desgastando mi estúpida mente. Si alguna vez tuve inteligencia la perdí, pero lo grave es que no volví a encontrarla. Los años no me traen más sabiduría, simplemente experiencias de las cuales no aprendo. AL parecer no puedo absorber conocimientos, al parecer soy tan ingenua que sigo lastimándome sola.
Soy débil. No sé decir no, no sé tomar decisiones y tampoco sé ser mal pensada y desconfiada. Jamás voy a pensar mal de quienes se llaman mis amigas, pero es una pena que siempre terminen demostrandome que no se puede confiar en nadie. En absolutamente nadie, ni siquiera en los que deberían estar ahí siempre.
No me entran en el cuerpo tantas frustraciones, tanta bronca, tanta estupidez, no puedo pretender que no soy invisible o molesta. Para algunos no existo, mi palabra no tiene ni voz ni voto. Para otros tantos solo soy algo insoportablemente molesto, algo que quisieran borrar de un plumazo y no pueden. O no se animan.
Nunca en la historia de mi vida pude sentirme libre de ser yo misma. Siempre fui temerosa y pregunté todo lo que podía hacer. Si me decían que se podía, ahí estaba yo, pero si mi intención era algo distinto no me animaba, sentía que defraudaba a todos los que me rodeaban, es lo mismo que me sigue pasando a mis 31 años. Es vergonzoso admitirlo, pero siempre necesité la aprobación de alguien para hacer algo.
Soy débil. No sé decir no, no sé tomar decisiones y tampoco sé ser mal pensada y desconfiada. Jamás voy a pensar mal de quienes se llaman mis amigas, pero es una pena que siempre terminen demostrandome que no se puede confiar en nadie. En absolutamente nadie, ni siquiera en los que deberían estar ahí siempre.
No me entran en el cuerpo tantas frustraciones, tanta bronca, tanta estupidez, no puedo pretender que no soy invisible o molesta. Para algunos no existo, mi palabra no tiene ni voz ni voto. Para otros tantos solo soy algo insoportablemente molesto, algo que quisieran borrar de un plumazo y no pueden. O no se animan.
Nunca en la historia de mi vida pude sentirme libre de ser yo misma. Siempre fui temerosa y pregunté todo lo que podía hacer. Si me decían que se podía, ahí estaba yo, pero si mi intención era algo distinto no me animaba, sentía que defraudaba a todos los que me rodeaban, es lo mismo que me sigue pasando a mis 31 años. Es vergonzoso admitirlo, pero siempre necesité la aprobación de alguien para hacer algo.
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